Nuestra parroquia

La parroquia San Simón y San Judas es de orígen marianista. A principios de los 60, el Padre José María Ruiz SM, impulsa a congregantes del Colegio del Pilar para que vengan al barrio para dar catequesis. A raíz de este impulso, el compromiso social de la parroquia con el barrio fue creciendo. En 1965, tras el Concilio Vaticano II, se realiza una remodelación de la Diócesis creando 120 parroquias nuevas, entre las que se encontraba la de San Simón y San Judas. La diocesis contrata con la Compañia de María su presencia por medio de una comunidad en la parroquia de San Simón y San Judas. La cual se vinculó de manera muy cercana a los problemas sociales que presentaba el barrio, con la ayuda de Cáritas y la Asociación de Vecinos. Paralelamente, los marianistas se hacen cargo de la formación catequética de la población. En 1991 se llevan a cabo obras de remodelación de la parroquia, en la que se cierra el porche existente anteriormente para transformarlo en aulas para impartir catequesis y diversas actividades de pastoral. Fundamentalmente, dicha formación fue destinada a adultos, que en la actualidad es el núcleo más fuerte de la parroquia. Con el paso del tiempo, dichas funciones se han ido debilitando poco a poco. Desde hace años no hay confirmaciones y las bodas celebradas son muy escasas. En definitiva, la parroquia en el aspecto sacramental se basa fundamentalmente en los sacramentos del bautismo y la primera comunión. La parroquia tiene constituido un Consejo Parroquial. La feligresia la forma fundamentalmente personas ancianas, representativas de un pequeño porcentaje de la población únicamente. En relación a los servicios parroquiales, actualmente Cáritas ha sido renovada por completo por un equipo que trabaja de manera más profesional. Debido a la crisis económica, el servicio prestado por Cáritas se ha visto incrementado aunque ninguna familia se queda sin atención. La parroquia tiene a 17 catequistas, y la catequesis de infancia se imparte martes, miércoles y jueves. La parroquia con el paso del tiempo ha presentado carencias entre las que destaca una escasa proyección juvenil, falta de personal preparado y una estructura física muy limitada. No obstante, el barrio cuenta con dos comunidades religiosas implicadas y que apuestan por el barrio y sus jóvenes. Por un lado los marianistas, y por el otro, las religiosas jesuitinas.